Lectura No. 5 del año
Sapiens: de animales a dioses
Autor: Yuval Noah Harari
Enero de 2026
Desde niño me fascinó la historia. Era prácticamente lo único que leía por gusto. Por eso, Sapiens llevaba tiempo rondándome: quería volver a conectar con esa pasión por los sucesos antiguos.
Hoy, al terminar el libro, siento que encontré mucho más de lo que esperaba. Pensé que hallaría datos y hechos, pero Harari me llevó de la mano por sus razonamientos, ideas e interpretaciones a partir de tres momentos cruciales de la historia humana. Y me dejó lleno de preguntas.
Qué manera tan magistral de comprimir millones de años de evolución del Homo sapiens. Creo que todos deberían leer este ensayo, no para adoptar la postura del autor, sino para formarse un criterio propio sobre nuestro papel en la Tierra.
Las grandes revoluciones humanas
El libro está dividido en cuatro partes. En ellas, Harari aborda las grandes revoluciones que nos catapultaron hasta donde estamos hoy. Son hechos históricos sin parangón, irreversibles, que impactaron a todo el planeta:
Al inicio, el autor presenta una línea de tiempo sencilla que permite mantener siempre el contexto. Desde allí, comienza el recorrido.
La revolución cognitiva: cuando dejamos de ser los únicos humanos
La primera gran transformación ocurre hace unos 70.000 años, cuando el Homo sapiens sale definitivamente de África para poblar Eurasia. Algo sucedió en nuestro cerebro que nos permitió imponernos sobre otros humanos.
Y sí, otros humanos. Yo solía pensar la evolución como una escalera ascendente, como si siempre hubiéramos sido los únicos protagonistas. Harari me hizo consciente de que compartimos el mundo con otras especies humanas.
¿Qué pasó con nuestros parientes?
¿Y si hoy el perfil de WhatsApp tuviera una casilla desplegable para elegir qué tipo de humano eres?
Eso no ocurrió, claro. Pero los datos y argumentos que presenta el autor muestran cómo la revolución cognitiva transformó el mundo de manera irreversible.
La revolución agrícola: ¿progreso o trampa?
Hace unos 10.000 años decidimos ser agricultores. Suena simple. Y lo es… solo para mantenerte enganchado.
Pasamos de ser cazadores y recolectores a manipular el entorno para producir más alimento. Esto provocó, por supuesto, un aumento exponencial de la población. Comenzamos a sembrar, a domesticar animales, a cruzarlos para hacerlos más mansos y productivos.
Pero ¿cómo empezó todo esto?
¿Un día simplemente nos levantamos y decidimos arar la tierra?
No fue tan sencillo. Lo cierto es que, cuando dejamos de recorrer bosques y sabanas para echar raíces y cuidar terrenos y animales, transformamos nuestras vidas para siempre. Y aquí surge la gran pregunta que atraviesa esta parte del libro:
¿fue realmente beneficioso para el Homo sapiens?
Ficciones que nos unieron: dinero, imperios y religión
Con la aparición del dinero, los imperios y la religión comienza lo que Harari llama la unificación de la humanidad. Fruto de nuestra capacidad para producir alimento y vivir en comunidad, el dinero surge como mediador del intercambio; la religión, como una forma de acordar ficciones comunes; y los imperios, como estructuras que fijan costumbres compartidas.
Y aquí hay una idea central que atraviesa todo el libro:
nada de esto existiría sin las ficciones.
Crear historias y creer en ellas fue, posiblemente, lo primero que nos diferenció de otros humanos y nos permitió cooperar y prevalecer en un mundo hostil. Las ficciones: dioses, dinero, empresas, costumbres, leyes.
¿No es increíble? Un billete vale lo que vale porque creemos en él.
Harari habla también del chisme, de la comunicación informal, como una de las primeras habilidades que nos permitió unirnos en grupos pequeños. Tanto criticamos a los chismosos… y resulta que fueron fundadores del desarrollo humano.
Cuando comenzamos a creer en ficciones comunes, todo cambió: emperadores con mandato divino, pueblos elegidos, religiones que dieron sentido y cohesión. Cada una fue verdadera para su gente y, en parte, permitió su supervivencia.
Las clases sociales, la justicia, la igualdad, los derechos humanos, las leyes: todo son ficciones compartidas que nos han permitido cooperar y avanzar.
La revolución científica: el salto hacia lo desconocido
Durante siglos afinamos nuestra capacidad de cooperación hasta llegar al episodio más importante de la historia: la revolución científica. Descubrimos en la ciencia la mayor catapulta hacia el futuro, tanto que dejó atrás a nuestro propio cerebro en términos evolutivos.
Hacia 1500, en los albores del imperialismo europeo, la ciencia inclinó definitivamente la balanza del poder. Es curioso pensar que bien podríamos haber sido colonias chinas o indias, pues Asia dominaba el comercio mundial. Entonces, ¿qué tuvieron los europeos de distinto?
Aquí Harari introduce una idea fascinante: la historia no tenía un destino prefijado. Fue circunstancial. Así que, atención creadores de ficción: este libro es una mina de ideas para mundos alternativos donde todo pudo ser distinto.
La revolución científica es el apartado más extenso del libro, y con razón. Harari muestra cómo dejamos de confiar en dogmas y verdades absolutas para empezar a dudar, a reconocer nuestra ignorancia. Ese es el verdadero punto de partida de la ciencia.
Gracias a ello descubrimos curas, creamos máquinas, armas, barcos… y hoy manipulamos genes. Estamos cerca de una medicina personalizada, pero también desarrollamos la bomba atómica, con la capacidad de destruirnos. Hemos superado el lento proceso evolutivo y dimos un salto aterrador hacia el futuro.
¿Estamos preparados para lo que viene?
La última parte del libro fue, quizá, la que menos esperaba. Harari se adentra en el tema de la felicidad. Sí, sin ser psicólogo, se mete en un terreno cenagoso y resbaladizo, avanzando con cautela y con los pocos datos sólidos que existen. Y es precisamente ahí donde el libro vuelve a incomodar.
Porque solemos pensar que hoy, después de vencer en gran medida al hambre, a las epidemias y a la muerte prematura, el Homo sapiens debería ser más feliz que nunca. Pero Harari nos invita a pensarlo dos veces. ¿Cómo medimos la felicidad? ¿Es una cuestión de comodidad, de longevidad, de placer?
Si pudiéramos viajar en el tiempo y observar a nuestro tatarabuelo, un agricultor medieval, terminar de construir su choza de adobe y paja, ¿era más o menos feliz que nosotros al comprar el último artilugio tecnológico? ¿Qué pesa más en esa balanza: la expectativa, el sentido, la pertenencia, el deseo?
Los razonamientos a los que nos conduce el autor son, cuanto menos, desconcertantes. No ofrece respuestas cerradas, pero sí preguntas incómodas que se quedan resonando mucho después de cerrar el libro. En cualquier caso, es imposible salir indemne de esta reflexión final: Sapiens no solo nos habla de lo que fuimos o de lo que somos, sino de lo poco claro que tenemos eso que llamamos felicidad.
Reflexión final
Sapiens es un ensayo sólidamente construido, narrado de forma directa, con humor y un toque de ironía. Harari fija una posición —algo pesimista, a mi parecer—, pero la respalda con hechos.
Aun así, es importante leerlo con mente crítica. Su estilo puede ser muy persuasivo, y conviene no adoptar sus conclusiones sin cuestionarlas. En algunos momentos me pareció apocalíptico; otras veces coincidía con el hecho, pero no con su interpretación.
Y eso está bien.
Es sano leer autores que nos saquen de la zona de confort y nos obliguen a poner en duda nuestras creencias.